La caída del Coloso

viernes 25 de diciembre de 2009
Despierto, solo. El aire es más pesado que de costumbre, casi como una niebla espesa. No es mi cama, ni mi habitación, pero lo parecen. Oigo un ruido cercano, miro inmediatamente a mi derecha; hay una figura pequeñita, en cuclillas, bajo una tela raída de esparto; parece un niño. Llora desconsolado. Se sobresalta, me ha notado mirarle, respirar, moverme. En un segundo sus dientes atenazan mi cuello. Su rostro carece de boca o nariz. Sigue llorando, apretando mi cuello, desgarrándolo, gime con un grito de angustia indescriptible. A pesar del dolor siento lástima por él.

Despierto, solo.

Intento recordar qué hice anoche. Sonrío lacónicamente, casi prefería no despertar. Estoy sudando a pesar del frío. Aun es temprano, no he dormido ni cuatro horas. Mi cerebro me tortura con imágenes de la noche anterior. Me duele la cabeza, he bebido. Empiezo a recordar.

Música. Estamos en la discoteca. Mis amigos intentan hacerme sentir bien. No puedo, estoy roto por dentro. Ella baila despreocupada, ignorándome. Me derrumbo en el hombro de mi gente. Ya no sé qué quiere, a qué juega, qué busca de mí. Le he entregado todo. Recibo puñaladas por besos.

Las cuatro de la madrugada. Hace frío, casi puedo sentir la humedad del asfalto. Estoy bajo el último adorno navideño de la carretera. Tiene lucecitas amarillas y azules y forman entre todas lo que parece una estrella; algunas bombillas están rotas, a veces se ve a los pilluelos lanzar piedrecitas para romperlas. Miro el maldito adorno y comienzo a llorar; voy a caer al suelo, frío, húmedo e hiriente, de rodillas. Me sostienen. No estoy solo, me tranquilizan cálidos susurros, me calman. Pierdo mi orgullo de lobo. Les cuento mi historia, todos tenemos una. Lloramos los tres.

Los kilómetros son una carga pesada, el tiempo acrecenta el cansancio que deja la distancia.

Qué difícil es todo.


 James Blunt - Goodbye my lover

Sin ellas

jueves 10 de diciembre de 2009
“Qué insulsa sería la vida sin ellas”. No sé donde leí esa frase, pero cuánta razón llevaba.

El hombre es tan sencillo en su naturaleza como el mecanismo de una rueda, dice lo que piensa, puede ser hiriente y lejano, pero es sencillo y conciso. Podemos ser mentirosos, sí, nada es puro o corrupto en su totalidad, pero las razones casi siempre son justificadas: Bien porque no merezca la pena darle más vueltas al asunto, o bien porque ocultemos algo –no necesariamente malo-.

Y luego Ellas, completamente contrarias. Les gusta indagar en todo, confundir y complicar las cosas hasta puntos que pocos podemos imaginar; desconfían de lo que ocurre alrededor, de sus amantes, maridos o novios y, a veces, sin razón alguna para ello. No se libran de ser mentirosas, aquí pecan en mayor grado que nosotros, pero tampoco tienen una razón para hacerlo. Nunca preguntes a una mujer qué le ocurre, o si le pasa algo, siempre te dirá que no, da igual por lo que esté pasando, sacará fuerzas de donde no hay y te sorprenderá con un contundente “nada”.

Los polos opuestos se atraen, a mi me pasó así y me sigue pasando, y quizá sea por complementarnos tan bien que todo puede funcionar entre ambos.

Qué insulsa sería la vida sin ellas.


Nothing else matters - Metallica