Semáforos

miércoles 3 de marzo de 2010
Pequeño, frágil y dulce. Caminaba tras su dueña aquel cachorro sin suerte, firmemente atado de una correa corta. El semáforo parpadeaba en ámbar, y nuestro coche fue decelerando hasta parar cuando se tornó en rojo. Me fijé en aquel perrito, algo más pequeño que un gato callejero, orejas largas y aterciopeladas, color negro, y en como caminaba lenta y pesadamente, podría decirse con temor, tras la mujer que llevaba su correa. Fueron tan sólo unos treinta segundos; el animalito se quedó inmóvil, el rabo entre sus patitas traseras, incapaz de andar. Ella, por su parte, parecía tener prisa; no se detuvo a calmar a la criatura asustada, ni a tranquilizar su creciente ira; empezó a tirar de la correa, arrastrando al cachorro como si fuera un fardo, un peso muerto. El animal se tumbó, haciendo fuerza hacia el lado contrario cuando los envites de la correa se lo permitían. Ella se giró, la criatura agachó la cabeza y cerró sus ojitos; lo miró con asco y dio un tremendo tirón. El cachorro avanzó casi un metro sin tocar el suelo, aterrizó cerca de su dueña y se ovilló más aún. La mujer paró, se quedó pensando un instante, entrecerró uno de sus ojos al hallar una solución y casi sonrió. Tomó la correa más corta, y subió el brazo por encima de su cabeza sin dejar de agarrar la cuerda. El animalito se levantó en el aire despacio, dejando de tocar el suelo, con sus patas delanteras primero y con las traseras después, inmóvil. Siguió andando, el perro colgaba de su collar en el aire, indefenso. Tras unos segundos soltó la correa y el animal cayó al suelo a su lado, le propinó una patada en el vientre que hizo gemir al cachorro. El semáforo se tornó verde, el coche seguía su curso, yo miraba atónito por el espejo retrovisor, sin dar crédito a lo que había visto.

Pensaba en abrir la puerta, bajar, destrozarla, darle ojo por ojo, hacerle sentir mi rabia, la impotencia creciente que mordía mi alma con aquel espectáculo de horror, hacerle entender que por cosas así renegaría de mi propia especie.

El coche avanzó, y sólo quedó la tortura, reflejada en imágenes turbadoras que me asolarían más tarde.

Sólo quedaron odio y resignación.



Warcry - El regreso


3 comentarios:

Perro dijo...

Que bien escribes, coño ;)
Con respecto a Warcry, no lo conocía y me gusta, bastante. Si no lo impide nada los veré en el ViñaRock, en mayo. Yo ando últimamente enganchado a Apocalyptica jeje.

zéreon dijo...

Apocalyptica eh, jeje, los descubrí no hace mucho y la verdad es que enganchan.
Ventaja de sus conciertos: No te quedas afónico xD.
Qúe envidia, a ver si en un par de años puedo ir al ViñaRock.

Devil dijo...

¿Cómo puede haber gente sin corazón? ojalá todo el mundo pudiera ver la vida con tus ojos.

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