The Sandclock III
El gatito paseaba despreocupado por el salón del trono; era pardo, con una rayita blanca en el pecho que le llegaba hasta el vientre. Caminó hasta su señor, que ocioso, contemplaba una esfera de berilo. En ella se arremolinaban imágenes de lugares lejanos, de hechos pasados y otros que aún están por llegar.
-Saludos, Señor -Dijo el gatito mientras saltaba en el regazo de su amo. Miekis, otrora humano, tenía la misma capacidad que cualquier hombre en habla y raciocinio-. Os veo demasiado interesado en la esfera, ¿puedo preguntar qué veis?-
-Hola, Miekis -Contestó inmutable-. Sí, puedes -El Señor del Tiempo miraba fijamente la esfera, concentrado en sus reflejos, en las formas e imágenes que sólo sus ojos podían percibir-. Siempre he sabido que mi dominio, mi esencia, tiene la facultad de dañar a los hombres. El paso del tiempo es cruel, causa dolor, causa sufrimiento y, aunque puede ser la cura de un corazón roto o una herida abierta, también es implacable y frio.
-¿Cómo, Señor? -Preguntó interesado el gatito pardo, mientras entrecerraba sus ojos y miraba la esfera, con el fin de comprender un poco mejor la preocupación de su amo-.
-Aquellos que han de pasar media vida en un calabozo, o esclavos hasta que terminen sus días. ¿De verdad crees, Miekis, que la agonía y la tristeza que sienten, son causadas por los muros de sus celdas o los látigos de sus amos? -El Señor del Tiempo miró entonces muy fijamente al felino, que ya sabía por dónde iban los designios de su amo-.
-Entonces es el tiempo el que les hace sufrir, ¿no?.
-Sin duda -Contestó fríamente al gatito, mientras dejaba de acariciarle el lomo–. Mira atentamente la esfera, Miekis, te permitiré ver lo que mis ojos ven.
Sus mentes dejaron el salón del trono, marcharon hasta playas desiertas y bosques frondosos y, cuando el Señor del Tiempo encontró el lugar deseado, el mar se abría, inmenso e imperturbable, ante ellos.
…
Saratoga - Decepción



